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Leyenda del Cerro de las Campanas de Puerto Eten

En el cerro o morro del Puerto de Eten existía antiguamente un volcán, el cual estuvo apagado mucho tiempo; pero la maldad de los hombres y e] relajamiento de las costumbres produjeron la irrita­ción del volcán. El cual para dar aviso de su poder y de su fuerza, comenzó a echar humo, amenazan­do con arruinar los lugares cercanos, con una de sus erupciones. Como las gentes de la comarca, que corresponde a los pueblos de Reque, Monsefú, Vi­lla y Puerto de Eten, no hicieran caso alguno de este aviso y continuaran en su misma vida disoluta, se produjo una pequeña erupción, que arrojó dos enormes piedras hacia la falda del cerro, que co­rresponde al Puerto de Eten, y hubiera seguido su acción destructora de pueblos, personas, animales y sementeras, a no ser por un ángel, quien apiadán­dose de los comarcanos, se arrodilló en esas do" piedras rodadas, rezó en ellas y al colocar sus ma­nos les imprimió el encantamiento de su argentino son.
Se trataba, en realidad, de dos piedras dioríticas. Una de las cuales tenía una brazada de largo, por media brazada de ancho y el otro poco menos del doble de la primera.
Hoy no existe ya el encantamiento que muchos de nosotros presenciamos, precisamente porque el argentino son que producían ambas piedras, indujo a pensar que se trataba de un tesoro mineral que ellas encerraban y fueron destruidas por un cónsul chileno. Esperando encontrar en sus destrozados restos, sino el secreto del encantamiento, por lo menos, oro en polvo.
Y así, por un menguado y metalizado interés, terminó en los finales del siglo pasado, ]a leyenda del cerro de las campanas del Puerto de Eten y la misión del Ángel protector.
 
(Del Ambiente Popular)
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