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Leyenda de los Muertos Que Esperan

En los más remotos tiempos, cuando el sol no era padre de los primeros habitantes de las tierras yungas los muertos no eran sepultados en cuclillas, ni se procuraba, en manera alguna, su momificación. 
 
Corren las edades, y el tiempo, el único triunfador y constante, aquel que nunca se apresura y que nunca olvida; aquel que siendo ciego no ha equivocado hasta hora el camino; el que no vitupera ni ensalza; el equilibrado perfecto, trae a los hombres el mensaje del Padre y Creador. 
 
La leyenda quiere ver al tiempo disfrazado de sol recorriendo los arenales y las tierras feraces, para decir a los hombres que El es su progenitor, que lo obedezcan porque pretende conducirlos a su lado, al Eterno Azul. El les enseña la dualidad existente: día y noche, la luz y oscuridad, trabajo y descanso, vida y muerte, y les dijo: “No os detengáis jamás. El descanso es la espera. ¡Seguidme!. Los muertos se levantan y vienen a Mi y los vivos se apresuran”. 
 
Y los hombres discurriendo imaginativamente que ven al Sol tan lejano, pero que les quema tanto, consideran que los círculos constantemente repetidos que ejecuta, lo mismo que sus apariciones periódicas es la prueba palpable de su oferta; que los está esperando, y a fin de que los muertos puedan continuar su ruta hacia El, comenzaron a sepultarlos en cuclillas, en posición de descanso, como para recordarles que no están del todo derrotados; que se hallan listos, esperando, para seguir su mancha hacia el Sol su Padre. Y a fin de que cuando se realice está unión, no se encuentren descompuestos y sus restos diseminados se procedió a su momificación; porque de esta manera los muertos que esperan no se demorarían para reconstruir sus cuerpos y saliendo de sus sepulcros engrosarían la macabra caravana de la Muerte , que vuelve a la Vida.
 
(Relato de la Señora Carmela Flores).
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