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El Cacique Tancum y El Canto de la Lechuza

Tancum era cacique de Mocce, antigua ciudad, situada a unos diez kilómetros hacia el norte de las actual ciudad de Lambayeque. Aún existen ruinas de sus templos y palacios, conocidas con el nombre de Huacas de Mocce.
La casa del cacique era grande, toda hecha de adobes, con pilares, terrazas y portales, y rodeada totalmente por un circuito o plaza grande, donde efectuaban los bailes y las fiestas, a las cuales, lo mismo que a la chicha fuerte, era muy aficionado el cacique Tancum. En cada una de las puertas de la casa del cacique, se hallaban constantemente, de guardia, dos indios porteros encargados de vigilar la entrada y salida de los visitantes e invitados. Los banquetes, bailes y fiestas eran muy suntuosos y duraderos.
Fue después de uno de estos agasajos que el cacique de Mocce, que era malvado y ambicioso, abusivo y cruel, enfermó. Cuando sus familiares y súbditos se dieron cuenta de su cercana muerte y de la imposibilidad en que se encontraba para ejercitar sus acostumbradas venganzas y castigos, pusieron en libertad a los prisioneros, que en buen número habitaban los subterráneos del palacio, soltaron a los animales, saquearon los graneros y destruyeron la propia casa del cacique.
Sólo fue respetado el cuerpo del moribundo, que se hallaba situado en un aposento ubicado en el centro del palacio, todo cubierto con esteras o mejor dicho, revestido de esteras.
Cuando los sublevados ingresaron a este aposento, encontraron que sobre el cuerpo del cacique, ya agonizante, en el pecho del mismo, se había posado una lechuza de las cercanías, animal que lanzó un grito estridente, imitando la voz áspera del propio Tancum, en cuyo mismo instante el indio expiró.
Y desde aquella lejana época, el grito de la lechuza fue anunciador de una muerte cercana y aquella ave se tornó en agorera y nocturna.
 
(Conforme con una vieja Historia Popular)
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